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04 May
Producto

Alimentos para el confinamiento: patata

Queremos ayudaros a hacer una compra fresca saludable y que se adapte al máximo a las restricciones de movimiento de estos dias tan complicados. Por eso os proponemos productos que, por la durabilidad, la versatilidad y la temporalidad, pueden facilitaros un poco la vida, tanto si sois unos cracs de los fogones como si no.

Hoy os proponemos la patata, tubérculo originario de America, importado por los españoles en el siglo XVI pero que no tuvo un uso alimentario hasta doscientos años más tarde. De la família de las solanáceas, hay unas 4.000 variedades en el mundo y de estas 150 se cultivan en nuestro territorio, con una temporada que va de mayo a octubre.

De fácil digestión porque es rica en agua y carbohidratos complejos, si las comemos cocidas y después enfriadas, el tipo de almidón resistente que contiene regula el funcionamiento de nuestra flora intestinal. Destacan por su contenido en vitaminas –C, B1, B2, B3 y B6- y entre los minerales, contiene potasio –adecuado para personas con problemas de corazón, piedras en el riñón e hipertensión-, hierro, fósforo y magnesio. En su estado natural no aporta más calorías que los cereales o las legumbres, pero según como la preparemos o comamos, la aportación calórica cambia: 100 gramos de patatas pueden pasar de 80 calorías si se hierven a 450 si se frien.

Se debe comer siempre cocida. Por suerte, se puede cocinar de muchas formas: guisadas, hervidas, al horno, al vapor, rellenas, en puré o fritas –la opción menos recomendable desde el punto de vista de la salud- aunque la manera más sana es hacerla al vapor y con la piel. Cuando la queramos hervir, hagámoslo también con la piel y reduciremos la pérdida de potasio y vitaminas durante la cocción. Si la preparamos en puré o la hervimos demasiado, hay que tener en cuenta que tienen un alto índice de azúcar, lo que evitaremos cocinándola al punto.

También forman parte de cremas de verduras, sopas, suflés, croquetas y tortillas. Pueden servir como guarnición de otros alimentos o como protagonistas de guisos y estofados y dan muy buen resultado mezcladas con hierbas aromáticas y especias.

Para conservarlas bien una vez compradas, lo primero que haremos será sacarlas de la bolsa de plástico y ponerlas en una bolsa de tela oscura o rejilla con algunos agujeros que la dejen transpirar. No les va bien la nevera –se vuelve oscura, pierde almidón, cambia el sabor i no se fríe bien- y tampoco la temperatura habitual de las casas, con lo que hay que buscarles un lugar fresco, en la despensa o garaje, para que se conserven más tiempo.

Procuraremos también que no les toque la luz, ya que entonces se encogen y pierden turgencia, además de desarrollar compuestos químicos que las vuelven verdosas y amargas, convirtiéndolas en tóxicas para el consumidor. Y finalmente, no las mezclaremos con ningún otro vegetal, como las cebollas, que liberan un compuesto que provoca que las patatas se estropeen antes.